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Los medios de comunicación no deben ser altavoces de los anuncios de prostitución en una sociedad democrática e igualitaria


Desde la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) se ha propuesto retirar la publicidad institucional de los medios de comunicación que publicitan la prostitución, así como la supresión de los llamados ‘anuncios de contactos‘ en la prensa española. La presidenta de FAPE, Elsa González, comentó en Sevilla la petición hecha al Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad para que no inserte su publicidad en los medios y que no sigan beneficiándose de los denominados eufemísticamente como ‘anuncios de contactos’, que ‘convierten a la mujer en mercancía, que sufre una desvalorización completa, que pugna con su dignidad como persona’. Con esta reclamación, la FAPE ha sido pionera en España en solicitar esta eliminación. 
Con motivo de la celebración el 23 de septiembre del Día Mundial contra la Explotación Sexual y la Trata de Mujeres, la Asamblea de Mujeres Periodistas de Sevilla, órgano de la Asociación de la Prensa de Sevilla, llevó a cabo en Sevilla el día 27 del mismo mes la Jornada “Noticias desde el cuarto mundo. Medios de comunicación y prostitución“, que fue ámbito de reflexión sobre esta realidad y sobre la pertinencia de la supresión. 
Por un lado, un ejemplo de buenas prácticas ya lo han dado varias cabeceras, como Público –desde que salió a la calle-, La Razón, La Gaceta, AVUI y 20 Minutos, con su director Arsenio Escolar, que abandera a través de la Asociación Española de Editoriales de Publicaciones Periódicas (AEEPP) esta política responsable. La AEEPP agrupa a más de 100 asociados, de prensa gratuita y digital y es la asociación sectorial más numerosa, tanto por el número de editoriales, como por el de cabeceras que se editan en España. Escolar argumenta que si 20 Minutos ha podido prescindir de tales ingresos por motivos éticos -más siendo un periódico gratuito, que sólo vive de las entradas publicitarias-, cualquier otro diario podría hacer lo propio, aún en una situación de crisis como la actual. 
Por otro, la otra realidad es la de una clara mayoría de la prensa, en general, que sigue publicando anuncios que promueven la explotación sexual, muchos de ellos asociados en la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE), que defienden esta fórmula de ingresos. La AEDE agrupa a 82 asociados de prensa diaria. 
Con este panorama, si pretendemos defender esta publicidad porque es algo alegal, tenemos el ejemplo del tabaco y las bebidas alcohólicas, que han sufrido este recorte publicitario para anunciarse. Y son negocios que afectan a la salud pública, pero no atentan contra la dignidad humana. Pero además este pensamiento no es único, ya que si la prostitución no es un delito, sí lo es el proxenetismo -como aclara Arsenio Escolar- y este tipo de anuncios son pura apología de ello, con lo cual somos cómplices y divulgadores de esta publicidad, que promueve la explotación sexual y la trata de mujeres. 
Por ejemplo, Marjorie Scardino, directiva de uno de los grupos más poderosos del mundo, el Grupo Pearson, editor del Financial Times y The Economist, dos de los medios impresos más influyentes del mundo, se asombra que España sea el único país europeo donde la prensa de calidad publique anuncios de prostitución y obtenga de ello pingües beneficios.
Además, en el actual contexto, en estos momentos de crisis económica, pero también de crisis en el propio modelo de negocio del periodismo, aparte del cambio tecnológico que se produciendo a la par, los medios de comunicación deben abrirse a nuevos públicos, ampliar las miras, diversificarse y segmentarse. Hablamos de nuevos colectivos a través de nuevos soportes. En este sentido, uno de estos públicos son los estudiantes, que serán el capital humano del mañana, y nuestra puerta de entrada, las aulas. Si la prensa quiere ir a los colegios, no podrá hacerlo con la cabeza bien alta o preconizando valores de representatividad, igualdad, solidaridad y respeto, enseñando reclamos de quinceañeras en paños menores.
Por parte del ámbito jurídico, el Consejo de Estado ha pedido la supresión de estos anuncios. Asimismo, en el momento actual, y tras haberse disuelto las Cortes -con las próximas elecciones del 20N- los juristas dicen que para que no se puedan publicar los anuncios de prostitución en los medios, sería necesario una Ley concreta, ya que es insuficiente la aplicación, tan general, del artículo 14 de la Constitución (establece la igualdad de todos los españoles ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación alguna) ni la fórmula de la autorregulación por los propios medios, acordada por el Congreso de los Diputados en 2010. Ha resultado insuficiente y algo ingenua esta instancia que pretendía que motu propio la prensa diaria hiciera examen de conciencia. Además, también debemos apostar por campañas de sensibilización hacia la población, en general, y hacia los clientes, en particular. 
Igualmente, se podrían estudiar fórmulas para no castigar o imponer a quien publicita, sino alentar con refuerzos y premios para los cumplidores con la igualdad de trato. Porque el fenómeno de la explotación sexual y la trata de mujeres no es más que un subcapítulo específico de violencia de genérico contra mujeres, que están excluidas socialmente, pero son paradójicamente generadoras de beneficios económicos para sus proxenetas. 
La pregunta de los periodistas es si esto es ético o moral y la respuesta es no.  Estos anuncios esconden mafias y grupos organizados de tratas de mujeres, que se dedican a la explotación sexual. En España, según las últimas estimaciones de la ONU, la prostitución aporta unos 18.000 millones de euros al año a las arcas nacionales, cifra en la que se incluyen los beneficios que obtienen algunos de estos medios de comunicación por publicar entre sus páginas anuncios de contenido sexual. De igual forma, como profesionales debemos cuidar el tratamiento mediático de estas noticias, tratar estas informaciones desde un enfoque de derechos humanos, en un contexto dentro del fenómeno de trata de personas, de marginación y esclavitud; no fomentando estereotipos equivocados sobre las víctimas. 
Según varios estudios e informes de fuerzas del Estado y ONGs, el 90% de las mujeres prostituidas ejercen esta actividad contra su voluntad, es decir, unas 400.000 prostitutas en España. Con lo que los anuncios que ofrecen servicios sexuales de mujeres, que están siendo forzadas a ello o sometidas en contra de su voluntad, son el altavoz de esta forma esclavitud. 
Por otra parte, todo este repunte de insistencia en eliminar los anuncios también de prostitución se ha visto reforzado por la presencia de más mujeres en los medios y en puestos de responsabilidad, en contraste con un panorama más masculino de hace décadas. Mal que les pese a algunos es una denigración de la mujer, vista como un objeto pasivo y sin derechos. El papel de la mujer ha cambiado en la sociedad y en la empresa y ha pasado de no opinar a ponerse delante de debates tan necesarios como este, abanderando causas en contra de injusticias sociales y la desvalorización completa de la mujer. No podemos vernos reflejadas las periodistas en estas mujeres, que son esclavas sexuales y no tienen dignidad como personas, y no hacer nada.
Al mismo tiempo, si las empresas periodísticas de más de 250 trabajadores tienen planes de igualdad que fomentan esta igualdad -como es por ley-, resulta una incoherencia ética publicar estos anuncios de prostitución, que fomentan lo contrario. Si los grandes grupos empresariales de medios de comunicación promueven la responsabilidad social corporativa (RSC), con valores de respeto de los derechos humanos y la defensa de las libertades democráticas de la ciudadanía, no es de recibo presumir de algo y carecer de ello. Algunos de estos medios han divulgado campañas solidarias, tanto a través de coberturas especiales, como con la cesión de espacios publicitarios para ONGs y fundaciones; poniéndose medallas en materia de cooperación, voluntariado, igualdad, conciliación, medio ambiente, etc. Si son empresas RSC, deben responder a la definición de esta figura, que entronca con la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social económico y ambiental.
Es, por tanto, reprobable que un medio presuma de algo que no se aplica, que su público se identifique con los valores teóricos y lo rechace. Seremos mejores profesionales si somos buenas personas también. No debemos seguir mirando hacia otro lado; tenemos que serlo y parecerlo para ser creíbles y responsables.
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